Tras el paréntesis estival, retomamos la actividad del coaching en el programa Andrekintzailea para mujeres emprendedoras, en el que colabora EmakumeEkin y que lidera el Departamento de Desarrollo Económico y Territorial de la Diputación Foral de Bizkaia, con la colaboración técnica de Bilbao Metropoli-30.

En términos generales, he podido constatar que aunque las emprendedoras han avanzado en cierta permisividad sobre el derecho al descanso, aún predomina el sentir generalizado, que nuestra compañera Amaia Aguirre explicaba perfectamente en su post anterior, sobre las dudas de poder permitirse o merecerse algunos días de vacaciones.

No son pocos los ejemplos de emprendedoras que apenas han podido coger dos semanas de vacaciones y, en la mayoría de los casos, se ha tratado de vacaciones de cuerpo presente, porque la mente seguía trabajando.

Muchas de ellas confiesan estar trabajando por encima de su capacidad. Cuando hablamos de su objetivo sobre el porcentaje ideal de presión laboral, lo visualizan en el 100%, lo cual quiere decir que están por encima de los límites de su cuerpo y su mente.

Estos excesos pueden soportarse siempre que se trate de algo puntual. Sin embargo, en su caso, comienzan a ser crónicos y, ellas mismas, confiesan el sinfín de repercusiones negativas que este tren de vida les está suponiendo:

  • En primer lugar, problemas de salud (estrés, ansiedad, incapacidad para desconectar, problemas de insomnio, mala calidad de sueño,…)
  • En segundo lugar, la presión por encima de las capacidades, lejos de convertirnos en personas más productivas y eficientes, empeora nuestro rendimiento. Comenzamos a cometer errores y, cuanto mayor sea esa presión, peor serán nuestros resultados.
  • Finalmente, detrás de esa exigencia ilimitada se encuentra el perfeccionismo, niveles de exigencia sobrehumanos, que además de resultar imposibles de alcanzar son una fuente de frustración continua.

Entonces, ¿qué hay entonces detrás de esa lucha incansable por lograr la perfección?

Ellas son conscientes de que es una batalla perdida de antemano. Nadie es perfecto. Sin embargo, siguen luchando con uñas y dientes, sin reparar en los daños colaterales y sacrificios, de todo tipo, para lograr esa utopía.

El perfeccionismo las protege de las dudas sobre si están o no a la altura de lo que su empresa necesita y también, es una fuente de valor y de autoestima. Sin embargo, ellas son conscientes de que su exigencia desmedida les cuesta la vida…

Los antídotos para hacer frente a este espejismo pueden ser los siguientes:

  • Desvincular tu persona de tu empresa. Tú no eres tu empresa y tu valor como ser humano, no depende del éxito o fracaso de tu proyecto, por mucho que haya una grandísima parte de ti, en él.
  • Celebrar los éxitos en el momento. No mirar sólo lo que queda pendiente hasta hacer cumbre, sino visualizar los campamentos que ya has superado.
  • Asumir el “dolor” de no ser perfecta. Aceptar la limitación humana como propia y descubrir la valentía que hay en ello.
  • Buscar un punto dulce para conjugar el afán de superación y la perseverancia con la necesidad de aceptarse, quererse y perdonarse.
  • Convertirte en tu mejor amiga y dejar de ser tu jefa despiadada.

Espero que estas reflexiones te ayuden a mantener a raya a la saboteadora que trata de contaminarte con pensamientos tóxicos. ¡Cuando la pilles “pensando mal”, sal rápidamente en tu defensa!

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exigirte ser perfecta

Imagen: Miren Lauzirika

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