Tenemos los pantanos llenos, nuestra cuenca hidrográfica esta al 95% de capacidad. Parece que contagiadas por esta hiperabundancia de agua, las entidades financieras se han decidido a abrir el grifo de la financiación a empresas y particulares. Sin exageraciones, tampoco nos vayamos a pensar que hay liquidez en el sistema.

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Si bien no como en tiempos pasados, parece que hay un mayor interés por parte de las entidades financieras en ofrecer financiación. Si me permitís el juego de palabras diré también que a mayor interés, esto  es, el dinero está efectivamente mas caro que en épocas pasadas.  Ayer escuchaba una noticia que situaba en un entorno de 10,25% el coste real al que nos financiamos. En cualquier caso y según datos de Instituto Nacional de Estadística, el tipo medio real al que las pequeñas empresas nos financiamos en enero de 2014, para nuevas operaciones, era de 5,03%, y esto sin incluir las comisiones que elevan considerablemente este coste.

Hablo del dinero al que tenemos acceso las pequeñas empresas, autónomas y particulares. Las grandes empresas siempre han contado con otros mecanismos para financiarse, además del recurso a las entidades financieras.  Y en caso de recurrir a estas últimas, su capacidad de negociación les permite acceder a tipos que son inalcanzables para el resto.

Esto es curioso si lo comparamos con que, al mismo tiempo, tenemos  los tipos más bajos desde que constituimos la Unión Europea. El Banco Central Europeo, en su última reunión,  ha mantenido el 0,25% como tipo de interés.

Sería casualidad, si estas existiesen, que el Gobierno esté actualmente en fase de preparación de la nueva ley para impulsar el acceso a la financiación por parte de las empresas. Por la parte que nos toca a la mayoría, y, a pesar de que , como siempre, siento que se queda corta, hay algunos puntos de éste, todavía anteproyecto de ley, que necesitaremos conocer.

El primero de ellos, y el que sin duda más nos afectará a la mayoría de mortales, hace referencia a la necesidad de protección frente a las decisiones de las entidades financieras. En concreto, está previsto  establecer un sistema de preaviso por parte de estas entidades, de tal modo que si tienen intención de cancelarnos o reducirnos notablemente  la financiación que nos dan,  deberán notificárnoslo al menos 3 meses antes del vencimiento de las pólizas y acompañar este preaviso de información sobre nuestra situación crediticia.

He escuchado a muchas empresarias y empresarios quejarse amargamente de que les habían reducido a la mitad o incluso cancelado sus líneas de crédito, de la noche a la mañana y sin esperarlo. Esta situación, provoca muchas dificultades en la ya de por sí maltrecha tesorería de las empresa, y afecta enormemente a la planificación.  Y, a pesar de lo que pudiera pensarse, estas decisiones de las entidades financieras no siempre están relacionadas con la situación crediticia de las empresas. En muchas ocasiones, son más bien consecuencia de su propia decisión estratégica sobre su oferta de dinero.

En fin, veremos en que se materializa finalmente esta medida y como siempre, habrá que estudiarse con cuidado la letra pequeña. Pero, parece que, en esta desigual relación que mantenemos con los bancos, en el futuro estarán obligados a informarnos con antelación de sus “intenciones”.

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Imagen del post: Miren Lauzirika

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