Una de las cuestiones que se nos plantea cuando decidimos crear nuestra propia empresa es si alquilamos una oficina o trabajamos desde casa.

Una vez una emprendedora con un negocio consolidado y de éxito, me dijo que la mejor decisión que había tomado en los inicios de su proyecto fue alquilar una oficina. El hecho de tener que sacar dinero para pagar el alquiler la presionaba para vender más, para incrementar la facturación y a la vez, le deba más “sensación de empresa potente”.

Sin embargo, cuando leo sobre experiencias emprendedoras en otros países, parece que el hecho de trabajar desde casa no merma las posibilidades de crecimiento del proyecto. Todo lo contrario.

Creo que es una perspectiva cultural. Por aquí somos de “poseer un espacio” más que de alquilarlo y por eso, a veces, en el desarrollo de la idea de negocio pasamos mucho tiempo decidiendo dónde vamos a localizarnos.

Por mi parte, prefiero trabajar desde casa y alquilar los espacios cuándo y dónde los necesito y os cuento por qué:

  • Estoy sola en casa y por tanto, trabajo normalmente sin interrupciones. De hecho, cuando estoy “enfrascada” en diseñar un proyecto, preparar una propuesta o un curso, en general, cualquier actividad que requiera toda mi concentración, no cojo el teléfono, ni contesto mails. Por supuesto, devuelvo las llamadas antes de finalizar la jornada pero creo que esta actitud de estar “reunida conmigo misma” ahorra tiempo evitando tener que mover mi atención de un lado a otro continuamente.
  • Voy a visitar a mi clientela a su lugar de trabajo. Es una obligación, no puedo decirle a mi client@ que venga a verme, que es lo que solía hacer cuando tenía oficina y me daba pereza moverme hasta un lugar con cierta dificultad como, por ejemplo, un polígono con mal aparcamiento. De esta forma, tengo la oportunidad de crear lazos con otras personas de la empresa, me hago una idea más clara del ambiente de trabajo y de otras cuestiones más físicas que me aportan información muy valiosa a la hora de diseñar mis propuestas.
  • No tengo que pasar por la oficina antes de irme a casa después de un día recorriendo Euskadi visitando client@s :). Ahorro tiempo y me ayuda a generar espacio para otras actividades: jugar con mis hijos, hacer deporte, meditar,…
  • Puedo elegir libremente los espacios más adecuados para cada taller, curso o evento. Hoy en día, la oferta de espacios es muy amplia y ajustada en precios, tanto en zonas céntricas como más alejadas. No he tenido nunca ningún problema, organizando con tiempo, claro.

Por supuesto hay aspectos negativos.

Por ejemplo, las tentaciones de trabajar que te entran al ver el ordenador sobre la mesa aunque sea sábado a las 10 de la noche o hacer entender a tu familia que trabajar desde casa no significa que tengas flexibilidad para atender a las “emergencias” de todo el mundo.

Sin embargo, a mí, me hace feliz trabajar desde casa y ser feliz aumenta la productividad. Un 12% concretamente según un estudio de la Universidad de Warwick.

Y tú, ¿cómo lo vives? ¿Qué prefieres, trabajar desde casa o disponer de una oficina? Te espero en la sección de comentarios.

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¡Gracias por la difusión de #EmakumeEkin y por la visita!Imagen: Miren Lauzirika.
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