Emprender, ser autónoma no siempre es una consecuencia de nuestra libre voluntad. Han podido ser muchas y muy distintas las causas que nos han llevado a estar ahora donde estamos. Establecerte por tu cuenta no es fácil, la responsabilidad viaja contigo y te apremia la necesidad de vivir de aquello que estás creando. Pero este escenario, tal vez no deseado y complejo, también puede convertirse en una oportunidad para hacer las cosas de otro modo.

Nuestras costumbres están bien arraigadas y las reproducimos espontáneamente; no sé vosotras, pero yo, lo confieso, hago muchas cosas inconscientemente. No me planteo por qué o para qué las estoy haciendo o si las podría hacer de otro modo. Enumeraré algunos de los ejemplos que tengo en la cabeza para explicarme mejor: trabajo de lunes a viernes, mañana y tarde (suelo enredarme algún fin de semana porque me gusta lo que hago), cojo vacaciones en los periodos vacacionales oficiales, descanso los festivos, desarrollo mi trabajo siguiendo la forma de trabajar observada y aprendida durante veinte años, me centro en producir y producir y vender para facturar… Bueno, si dedico algún minuto más a la auto observación seguro que saco mucha y muy valiosa información.

¿Y si…empiezo a hacer distinto? Esta es la pregunta que me hago hoy y la que os traslado. En este proceso de cambio que hemos experimentado, deseado o no, nos vemos reproduciendo conocidas, y no niego que necesarias en ocasiones, maneras de afrontar nuestro camino, nuestro negocio y nuestros modelos de negocio. Los tiempos apremiantes, la inestabilidad, la falta de recursos y la inseguridad nos llevan a aferrarnos a aquello que nos reconforta porque conocemos bien. Pero, ¿por qué no aprovechar esta coyuntura y cambiar algunas cosas para explorar nuevas maneras de hacer? ¿por qué no trabajar de lunes a jueves, o de martes a viernes o descansar los miércoles y pasear al sol o bajo la lluvia? ¿por qué no hacer reuniones en una piragua remando por la ría? ¿por qué no tomar vacaciones cuando nadie se las toma (aquí las madres lo tenemos más difícil pero también existen los padres)? ¿por qué no…? ¿Y si empiezo el día haciendo ejercicio en el gimnasio? ¿y si me pongo a trabajar a las 11:30 de la mañana después de haber ido al museo? ¿y si…?

Ya que estamos de cambio vamos a cambiar, ¿no?

¿Quién nos obliga a hacer las cosas como siempre? ¿por qué las hacemos así? ¿para qué las hacemos así? ¿qué supone hacerlas así? ¿podríamos hacerlas de otra manera? ¿nos sentiríamos mejor? ¿cómo podría ser esa “otra manera”?

Estas son las preguntas que yo me hago para romper, en ocasiones, con las dinámicas que me llevan a viejos lugares; cuando soy consciente de ello y me siento atrapada por esa sensación, me recuerdo que ya no estoy allí, en ese viejo lugar. Que ahora estoy en un nuevo escenario en el que hay muchas cosas difíciles pero una importante: más libertad, más capacidad para crear. Pero crear requiere entrenamiento, consciencia, aprendizaje y entendimiento de cómo son mis dinámicas y determinación para dejar de lado algún mantra conocido como “me siento culpable”, “no es el momento”, “no puedo”; vamos, esas creencias limitantes que poseemos.

Bueno, sé que este no es vuestro caso, yo hablo de mi experiencia. Pero la cuento por si a alguna le suena la música de fondo 😉

cambiar-emprender

 

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