Si habéis tenido suerte y este año las vacaciones han hecho su efecto, habréis empezado a trabajar como a medio gas, como si la cabeza funcionara a bajas revoluciones. Puede que incluso tengáis la sensación de que sois menos productivas, y estéis ansiosas de meter el acelerador para sacar adelante cuanto antes los primeros proyectos, pero es justo lo contrario.  

Este estado de calma mental, es consecuencia de un periodo de descanso y es el estado mental ideal para tomar decisiones importantes, abordar tareas creativas, empatizar con la clientela, … Es en este estado mental donde se encuentra la sabiduría.

Sin embargo, la vorágine del día a día enseguida nos engulle y nos devuelve a la turbulencia. Frecuentemente, nos enfrentamos con discusiones, momentos difíciles, que son inevitables en este mundo frenético y que nos hacen reaccionar automáticamente, perdiendo la dignidad y empeorando la situación. Desgraciadamente, no podemos cogernos vacaciones cada dos por tres para lograr este estado mental ideal… Por ello, os recomiendo esta meditación que podéis realizar casi en cualquier sitio y que no os llevará más de 15 minutos.

Sentaos en un sitio tranquilo, en vuestra casa o en la oficina. La espalda recta, pero sin tensión, los hombros relajados, los pies apoyados firmemente en el suelo, las piernas ligeramente abiertas y las manos descansando sobre el regazo, una sobre otra o en los muslos con las palmas hacia arriba.

Cierra los ojos y si te apetece, dibuja una sonrisa en tu boca, llévala a tu corazón y trata de sentirla en todo tu cuerpo.

Lleva ahora la atención a la entrada del aire en la nariz, siente como el aire entra y sale por las fosas nasales, quizás frío al entrar y más caliente al salir. Puedes contar respiraciones para ayudarte, uno inspiro, uno exhalo, dos inspiro, dos exhalo… puedes llegar hasta 10 y volver a empezar. Si en algún momento la mente se distrae con pensamientos o emociones, simplemente la devolvemos con amabilidad a observar el efecto de la respiración en las fosas nasales.

Puedes ampliar ahora el foco de atención a todo tu cuerpo, sintiendo el efecto de la respiración en él, percibiendo, por ejemplo, cómo tu abdomen se hincha a medida que entra el aire y se deshincha, como si fuera un globo, a medida que el aire sale o cómo el pecho se ensancha…

Siente la tranquilidad de dejarte llevar por el movimiento de la respiración, descansando en ella como si fuera un sofá mullido y muy cómodo.

Poco a poco, puedes ir abriendo los ojos y volviendo al trabajo intentando devolver de vez en cuando la atención a la respiración a la vez que realizas tus tareas.

Puedes dedicar de 15 a 30 minutos al día a realizar este ejercicio que te permitirá mantener la calma interior, a pesar de las tormentas externas, aumentando tu eficacia y tu capacidad de gestionar situaciones difíciles.

¿Qué tal si empiezas hoy mismo?

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Imagen: Miren Lauzirika

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