No he utilizado en el título de este post el lenguaje inclusivo y lo he hecho a propósito. Ahora te explico el motivo.

Recientemente he podido asistir a la III Jornada Internacional que organizaba la Red DenBBora Sarea sobre los nuevos usos de los espacios de trabajo y la gestión de los tiempos, en la que se analizaban, entre otros, el impacto del trabajo a distancia y el uso de las nuevas tecnologías con una mirada de género.

De la mano de Anna Mercadé, Directora del Observatorio de Mujer, Empresa y Economía (ODEE) de la Cámara de Comercio de Barcelona, se provocaron algunas reflexiones que me gustaría compartir contigo.

Probablemente no se trata de conceptos nuevos, sin embargo, el hecho de analizarlos en detalle quizá pueda contribuir a que, colectivamente, nos demos cuenta del camino que aún nos queda por recorrer, con el objetivo de conseguir una sociedad más justa e igualitaria. En esta ocasión, con respecto a las mujeres, pero igualmente equiparable a otros colectivos sociales.

En primer lugar, nuestra sociedad no puede permitirse el lujo de que el 50% de su población no participe en igualdad de condiciones en su faceta productiva y profesional. Arrastramos la división de roles de la sociedad patriarcal, en la que se reservaba lo público al hombre, mientras que a la mujer se la confinaba en el ámbito de lo privado. Sin embargo, es un impúdico dispendio de capacidades y talentos que no se garantice un papel igualitario a la mujer en la esfera profesional. Simplemente, no podemos permitírnoslo.

Por otro lado, los nuevos modelos organizativos están reclamando otros tipos de liderazgo más participativos y horizontales, en los que se requieren capacidades y actitudes que las mujeres pueden ofrecer. Las empresas están comenzando a darse cuenta y están explorando la exigencia de que haya mujeres en sus Consejos de Administración. Es más, la propia crianza de los hijos e hijas es una fuente de aprendizaje de competencias como la paciencia, la organización del tiempo, la disciplina, el auto-control, etc. En la medida en que padres y madres se involucren equitativamente en esta responsabilidad, recibirán de la misma manera ese aprendizaje.

En cuanto al mundo del trabajo, el uso de las tecnologías ha facilitado la movilidad, disponibilidad, flexibilidad, conectividad, etc. Actualmente, no es preciso encontrarse físicamente en nuestro entorno laboral para trabajar y tampoco es necesario hacerlo en un horario concreto. Los límites entre lo laboral y lo personal se difuminan. Estos avances han traído, sin duda, beneficios, pero también peligros y riesgos.

No es extraño que muchas mujeres profesionales y, especialmente, aquellas que optan por el emprendimiento, desarrollen su labor profesional vinculada al horario de sus hijos/as, lo cual implica continuar trabajando cuando las criaturas se han acostado. En consecuencia, las mujeres del Estado español son las más medicadas de Europa sertraline drug. La ansiedad y la culpabilidad se apoderan de ellas.

Además, culturalmente somos quienes menos dormimos de Europa. También nuestros hijos/as, con todas las consecuencias negativas que esto conlleva para el crecimiento y desarrollo intelectual. No sé si estaréis de acuerdo conmigo, pero tengo la impresión de que algo no va bien.

Por otro lado, se han realizado grandes avances en los aspectos jurídicos y legales. En Euskadi contamos con una Ley Pionera en Igualdad. Sin embargo, desde una perspectiva social y cultural, el sistema de creencias no ha evolucionado al mismo ritmo. Seguimos manteniendo patrones mentales y de conducta que, inconscientemente, trasladamos a nuestro entorno y, lo que es más peligroso, a nuestros hijos e hijas, con lo que la desigualdad en ese sentido pervive en el imaginario colectivo.

Sí, es cierto que visualizamos socialmente cambios: hombres colgando la ropa, haciendo las compras, llevando niños/as a la “ikas”,… Como decía Mercadé, “las corbatas han llegado por fin al colegio”, pero ella misma replicaba: “¿quién les recoge por la tarde, les lleva a las extraescolares, les da la merienda, les baña y les da la cena?, ¿quién lleva, en realidad, el peso mayor de la organización de la casa? Y, ¿qué ocurre con el cuidado de las personas mayores? No se trata de ayudar, se trata de que la responsabilidad sea compartida.”

Esas creencias estereotipadas también dejan sentir su influencia en el mercado de trabajo: según Mercadé, las mujeres cobran el 22% menos que los hombres; acaparan la mayor parte de las reducciones de jornada, las excedencias y los contratos precarios; las empresas siguen valorando el presencialismo frente a los resultados y aún queda mucho camino para lograr la transparencia y la meritocracia en los puestos directivos.

Excelente momento, por lo tanto, para reflexionar conjuntamente sobre qué tipo de sociedad queremos ser. Si buscamos una sociedad justa, solidaria y humana, nuestra tarea no ha hecho más que comenzar…

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