“En Sapiens no puede haber discusión, hay puntos oscuros”. Rescato esta frase de Ferran Adriá para destacar que cuando hablamos de procesos de cambio, creativos y que llaman a la innovación, no existen verdades absolutas sino distintivas maneras de ver una misma realidad. Estas distintas maneras enriquecen el proceso y, en consecuencia, la resultante. ¡Qué fácil es entender esta dinámica en el campo de la cocina cuando habla el Sr. Adriá, el chef mago!

Pero en nuestras organizaciones ¿qué sucede cuando alguien piensa X y otra persona piensa Y? ¿Hacemos, como dice Ferran, la aclaración de que tú estás aquí y yo ahí, dejando constancia de nuestras visiones, respetándolas e incorporándolas para seguir adelante con el proceso?

Llevo dos años investigando sobre el concepto de diálogo, el modelo mental que tenemos las personas sobre diálogo y lo que sucede con el mismo en las organizaciones. Una de las ideas que remarco en ese estudio es que con el diálogo sucede lo mismo que con Santa Bárbara: que nos acordamos de ella cuando truena.

Apelamos al diálogo cuando estamos inmersos en un conflicto, cuando una misma realidad se ve de maneras diferentes y cada persona hace de su manera de entenderla una única verdad a la que se aferra con uñas y dientes; cuando no distinguimos ya lo que alguien opina sobre un tema de la relación que tengo yo con ese alguien.

Y, en ocasiones, cuando estamos en ese punto, lo último que podemos hacer es utilizar el diálogo como medio para gestionar el problema. El diálogo no puede ser un recurso “reactivo” sino “proactivo”, no puede ser una herramienta sino una actitud porque sólo elevando la toma de conciencia de cómo percibo yo la realidad y cómo, desde mi percepción y anclándola en mis valores y  experiencia, la traslado al resto del mundo para construir con las demás, sólo desde ahí podemos hablar de diálogo verdadero.

“Successful companies don’t adapt, they prepare”.

Esta idea que encabeza el artículo publicado en la Harvard Business Review subraya ese enfoque, que subrayo, “proactivo”. El cambio no viene, está aquí. Como comentaba ayer Javi Creus en una charla que dio en la BBF, no podemos perseguir las olas que han pasado, debemos esperar las que llegan y, creerme, vaya olas que nos llegan…

Si para entonces no hemos trabajado nuestra capacidad de escucha, respeto, nuestra capacidad para suspender nuestros pensamientos y observarlos desde fuera para entender el sentido que tienen para nosotras y de dar voz a lo que necesita expresarse sin imponer posturas ni silenciarlas por no considerarlas válidas, estamos perdidas. Porque tenemos que trabajar, mucho y muy bien para seguir adelante.

Porque tenemos que colaborar para mantenernos vivas. Porque, como anuncia Katia del Rivero en este artículo, “no tenemos que entendernos para colaborar juntos”, podemos contribuir valiosamente al sistema manteniendo nuestra diferencia.

Diálogo en organizaciones preparadas

 

TwitterLinkedInGoogle+FacebookPinterestEmail