La creación de la organización: ¿Nos organizamos diferente? ¿Alguna vez te has preguntado…?

Supongo que si estás aquí y estás leyendo este post es porque, efectivamente, alguna vez te has preguntado. Quizá te hayas preguntado tantas veces que no hayas obtenido una respuesta y, por esta misma razón, te encuentras hoy en el lugar en el que te encuentras.

Si esto es así, felicidades: felicidades por preguntarte y felicidades por no darte por vencida al no obtener una respuesta que quizá te hubiese llevado a cerrar una puerta que hoy está abierta.

Y precisamente sobre esto quiero escribir, sobre las puertas que abrimos buscando sin encontrar. Aunque parezca que esta realidad es inquietante por lo que tiene de incierta y de insegura, no deja de ser una realidad que opera además con fuerza cuando hablamos de mujer, emprendimiento  y organización.

«Ya que no existe el mundo que quiero, voy a construirlo».

Leía esta misma mañana un artículo de Saúl Fuks en el que habla de «Transformar las conversaciones acerca de las transformaciones» y mencionaba “la esperanza” como clave para crear una realidad social que, lejos de provocar miedo y parálisis, nos permita avanzar en aquellos flujos que nos lleven a explorar turbulencias, torbellinos e incertidumbres.  Y aunque este artículo esté escrito en 1998 creo que opera con fuerza hoy en el campo de la construcción organizacional liderada por mujeres.

Tal vez la esperanza de construirnos diferentes nos lleve a esa eterna pregunta de por qué estamos aquí y cómo hemos llegado a este punto. Y tal vez, sólo tal vez, la desesperanza de un mundo organizacional que no nos acaba de convencer, ni de llenar, ni de satisfacer nuestros intereses (me niego a hacer esa fragmentación forzada de “personal-profesional” porque siempre me he considerado “una-entera”) nos impulse a crear nuevas maneras de organizarnos, de crear organización, de construir empresa.

Me gusta pensar que esta es nuestra realidad, la  de auto-construirnos desde lugares que, lejos de ser seguros y estables, nos llevan a sentirnos mejor, sencillamente, porque son nuestros. Los hemos construido nosotras, teniendo en cuenta nuestras necesidades, deseos, particularidades; y ahí nos encontramos y construimos con otras. A mí éste me parece un buen lugar.

Estas empresas que hemos creado tienen una ventaja clara: las configuramos flexibles y adaptadas a lo que somos en este momento. Y en ese “construir empresa”, en ese “hecho organizacional” es en donde se crea distinto.

¿Te has preguntado alguna vez si nosotras, las mujeres, construyendo nuestras realidades organizacionales ajustadas a nuestra medida podríamos llegar a generar un cambio en la realidad organizacional macro?  Quiero pensar que podemos ser agentes de cambio y que, de hecho, somos agentes de cambio organizacional. Eso sí, no sé cuándo podremos ver el cambio expandido a otros lugares, pero si “alguna vez te has preguntado…” vamos bien.

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