Como emprendedora vivo septiembre como un mes “losa”. Acabo de llegar de vacaciones, muy descansada, pero sin facturar ni un euro e inexplicablemente el día 30 se aproxima a toda velocidad cargado con otra acumulación de facturas a pagar.

La presión es interesante y, no sé vosotras, pero en mi caso, se traduce en un desasosiego continuo e inconsciente que viene conmigo a las visitas comerciales, me acompaña en el trabajo administrativo, a las reuniones familiares… ¡no hay manera de disfrutar ni dentro ni fuera del trabajo! Y, si por lo menos, fuera un desasosiego productivo, ¡pero tampoco!

Os voy a comentar mis herramientas para desprenderme de este monstruo post vacacional:

Date cuenta si eres adicta “a sentirte mal”. Me explico:  a veces, tenemos la tendencia a sentirnos mal por sentirnos mal. Es un hecho que en agosto no se factura y que en setiembre las cosas tardan en arrancar. Es así. No es culpa de nadie y sentirte mal no va a ayudarte a facturar más rápido. Un poco de planificación económica con los gastos, por ejemplo, prorrateando a efectos contables, la cuota de autónomos de estos meses entre los meses de más ingresos, ayuda. Contarse las penas entre emprendedoras y echarle un poco de buen humor, también.

La práctica de Mindfulness me ayuda a llevar la atención desde los pensamientos repetitivos, que me llevan a un estado de rumiación improductivo, hasta la tarea que estoy realizando, ya sea respirar o enviar un mail. Este “truco” ayuda a recuperar la calma por fuerte que sea la tormenta “desasogante” y a concentrarte en lo que estás haciendo. Puedes aplicarlo cuando notes que la presión de las facturas (o de cualquier otra amenaza emprendedora) te lleva a dar respuestas excesivas a pobres inocentes, por ejemplo, un grito a tu pareja porque ha dejado las zapatillas en medio del pasillo.

El proceso sería así:

Párate y respira, tres respiraciones profundas, llevando el aire hasta el abdomen, para facilitar un efecto tranquilizador. Luego, deja que el cuerpo respire a su ritmo

Percibe las sensaciones que se están produciendo en tu cuerpo. ¿Calor en la cara? ¿Tensión en la mandíbula o en la parte alta de la espalda? ¿Puede ser que esté experimentando rabia?

Reflexiona sin juzgarte. Qué historia hay detrás de esta emoción, ya sea rabia, miedo, tristeza… ¿Estoy asustada porque veo acercarse el final de mes y no he logrado vender una escoba? o ¿Experimento mala leche porque un cliente me ha obligado a cambiar la propuesta 3 veces?

Responde, teniendo en cuenta la mejor manera para que la situación se resuelva positivamente: por ejemplo, hablar con tu pareja sobre las zapatillas, en un momento en el que os encontréis en calma o pedir un aplazamiento de la cuota de autónomos a la seguridad social.

Y, sobre todo, trátate con cariño y cuídate. Muchas veces, la presión nos la ponemos nosotras mismas por auto-exigencia excesiva.

No podemos impedir que septiembre llegue todos los años, pero sí podemos quitarle la carga emocional y acabar por amistarnos con él.

facturas-gestion-emociones

Imagen: Miren Lauzirika

TwitterLinkedInGoogle+FacebookPinterestEmail