Acabo de degustar una película recién estrenada que se titula “Joy”. Se trata de la historia de una mujer trabajadora, de origen humilde, divorciada y madre de dos hijos, que inventa una fregona de flecos de algodón que se escurre sola y que además, puede limpiarse en la lavadora.

Puedes seguir leyendo. No voy a contarte el final. Sólo que la película, de carácter biográfico, narra las vicisitudes por la que esta mujer tiene que pasar en su aventura emprendedora.

Tenía ganas de ver la película, porque tenía la intuición de que quizá podía ayudarme a aprender y mejorar el apoyo que prestamos a las emprendedoras del programa impulsado por la Diputación Foral de Bizkaia. Y así ha sido, ya que la película está plagada de frases que, a mi modo de ver, no tienen desperdicio.

Hay varios momentos en que no he podido evitar acordarme de emprendedoras concretas con las que he trabajado en procesos de coaching que, sin duda, han tenido que afrontar situaciones similares. Como ejemplo, el evento en formato Pecha Kucha dentro del programa, en el que 10 emprendedoras se suben, una a una, a un escenario para presentar su empresa ante un auditorio abarrotado. Joy, la protagonista, tiene que enfrentarse a un reto parecido.

Me gustaría destacar que, en el caso de Joy, es ella misma la que pide presentar personalmente su producto, por muy dura y estresante que le parezca la experiencia. Sabe que se juega mucho y que la persona más capacitada del mundo para vender su idea es ella misma, porque cree en ella. Y lo hace.

En su entorno familiar, hay figuras que en un momento de su trayectoria vital deciden apartarse de la vida. Ella no. “Cuando te escondes, crees que estás a salvo, pero te escondes también de ti misma”. En esta frase, se resume su valentía y tenacidad. No se esconde, ni para vender su idea, ni para negociar con proveedores, ni para reclamar el respeto que merece en su familia. Ella misma le dice a su hija: “No dejes que se metan contigo, no dejes que te afecte”.

A pesar de su convencimiento, es indudable que recibe verdaderas dagas disuasorias que tratan de boicotearla. Algunas externas y basadas en estereotipos: “Nunca vas a triunfar en un mundo de hombres, vestida así”, a lo que ella replica “Llevo blusa y pantalones. Así soy yo. Quiero ser yo”.

Pero, sin duda, las zancadillas más duras se las ponen las personas de su entorno familiar: “No vales para esto. Se necesita un carácter que tú simplemente no tienes”; “Yo tengo la culpa. Le hice creer que era más, de lo que en realidad es”. En fin,… una serie de “perlas” que doblegarían el carácter de cualquier Marie Curie, pero ella no se da por vencida. Sigue luchando.

No quiero que este post sirva para hacer apología de la perseverancia injustificada y del suicidio empresarial de nadie. En primer lugar, hay que apelar al realismo. Sin embargo, no deja de ser cierto que muchos de los mensajes limitantes que recibimos habitualmente sobre nuestra capacidad o incapacidad de hacer algo vienen de personas que “ven los toros desde la barrera” y que, en ningún caso, pueden saber si tú eres o no capaz de algo. Eso sólo lo sabes tú.

Joy sabe y es consciente de que tiene un poder especial. Cree en ella misma. Y su abuela se encarga de que no lo olvide nunca: “Tú naciste para no darte nunca por vencida”. ¿Y tú?

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Imagen: Miren Lauzirika.

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