Todavía,  a vueltas sobre la paridad de género a las puertas de la Cuarta Revolución Industrial. Érase una vez una pintoresca localidad, rodeada de altas cumbres, coronadas por la nieve la mayor parte del año. Pareciera no pasar el tiempo en este lugar. Su cielo apacible se ha visto ensombrecido por cientos de jets privados y sus tranquilas calles alborotadas por atascos de cientos de limusinas. 

Hablamos de Davos, una ciudad suiza, que se jacta de ser la población más elevada de los Alpes. Aquí, a más de 1560 metros de altitud, Thomas Mann se inspiró para escribir su novela más importante y un clásico de la literatura alemana, La montaña mágica. La «blanca nada» del paisaje nevado de Davos, ejerció sobre él una romántica influencia, la misma al parecer que hizo que Klaus Schwab, fundador del World Economic Forum, decidiese hace 25 años, convertir a Davos en sede del influyente Foro Económico Mundial, en el que se reúnen las élites sociales y económicas.

Para que os hagáis a la idea de la envergadura de este encuentro, la localidad de Davos, de poco más 10.000 habitantes, acoge durante la semana que dura el Foro, a más de 2.500 participantes entre directivos de las empresas más importantes del planeta, responsables políticos de medio mundo, economistas, filósofos y premios nobeles, entre fuertes medidas de seguridad, con 3.000 soldados y 1.500 policías en activo.

De las cerca de 3000 personas invitadas el Foro, ¿cuántas consideráis que fueron mujeres? Este año, el 18% de los participantes fueron mujeres, 1% más que el año pasado, y el doble de lo que fueron en 2000, cuando apenas eran el 9% del total de asistentes.

A pesar de esta exigua proporción de representación femenina, la calidad de las mujeres participantes es altamente significativa. Impresionantes trayectorias profesionales y excelentes cualificaciones. Entre estas mujeres, Drew Faust, la presidenta de Harvard, autora de la célebre frase, “I am not the female president of Harvard. I am the President of Harvard”, Elizabeth Blackburn, Premio Novel de Medicina, Mary Barra, presidenta de General Motor, Justine Cassell, pionera investigadora en inteligencia artificial y Directora del Human Computer Interaction y Jennifer Doudna, quien co-inventó la herramienta para la edición genética.

Para salvar esta desproporción entre hombres y mujeres, la organización incluyó en la agenda el tema de paridad de género y crearon un panel titulado “El impacto del género en la cuarta revolución industrial”. Por supuesto, las personas participantes en este Panel fueron críticas con la organización, en particular, y con la situación de la mujer en el mundo, en general.

“Why are we still here in 2016 discussing gender parity and doing it at a time when WEF is telling us that we are embarking on the fourth Industrial Revolution? Lyse Doucet, periodista de la BBC” (¿Por qué estamos todavía en 2016 discutiendo sobre la paridad de género mientras el Foro nos está hablando de que estamos embarcándonos en una Cuarta Revolución Industrial?)

Y a mí me asalta la siguiente pregunta: ¿En qué condiciones nos vamos a embarcar las mujeres en esta nueva Revolución si aún no hemos alcanzado la igualdad hoy por hoy?

En esta imagen se puede apreciar el GAP existente entre hombres y mujeres en diferentes sectores.

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Fuente: The Global Gender Gap Report 2015

Son datos del Informe sobre Desigualdades de Género (Global Gender Gap report) que promueve el World Economic Forum desde 2006. El mayor GAP podemos observar que se produce en el mundo de la política, esto es, donde se legisla y se adoptan medidas para promover la igualdad de género. Esto me hace recordar una de las frases de la película Sufragistas que vi junto con una de las socias de Emakumeekin, MeryChus Ramos de la Huella de la Vida:

“No queremos quebrantar las leyes, queremos redactar las leyes.” Emmeline Pankhurst, activista política británica y líder del movimiento suffragette, el cual ayudó a las mujeres a ganar el derecho a votar en Gran Bretaña a principios del siglo XX.

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Vía Amaia Agirre (@coachingfactor) y Merychus Ramos (@HuelladelaVida)

Un siglo después parece que no se han movido suficientemente las cosas, desde un punto de vista mundial.

El Foro de Davos culminó, como cada edición, con una glamurosa velada, que desde hace unos años se celebra en el hotel que una vez acogió al sanatorio de La montaña mágica, a la que solo asisten unas pocas personas privilegiadas, velada para la cual se exige esmoquin para ellos y vestido largo para ellas.

Me pregunto cómo es posible rememorar veladas nostálgicas propias del siglo XIX, tras debatir sobre el futuro del planeta habiendo planteado cuestiones como robótica, neurotecnología, inteligencia artificial y edición genética.

Esmoquin para ellos y vestido largo para ellas. Efectivamente, parece que poco ha cambiado en este mundo.

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