Hacer brotar nuestras ideas en el entorno laboral no es fácil. A menudo, antes de exponer algo nuevo, un planteamiento, por nuestra mente pasan todas las objeciones posibles e imposibles capaces de tumbar cualquier concepto por adelantado. Estos pensamientos boicoteadores anticipados son capaces de hacer temblar hasta las aportaciones más interesantes. Por-mi-y-por-mis-ideasDe hecho, no hay inspiración que no pueda ser derribada con un puñado de argumentos, ajenos o propios,  en los que subyace el miedo, miedo al rechazo. Miedo al boicot ajeno, al comentario malicioso, a la indirecta, a la ironía, al desdén silencioso en forma de mueca…

Al poner una propuesta sobre la mesa, existe un terror racional e irracional a exponer nuestra imagen , porque está asumido culturalmente que lo que las demás personas piensan de la idea, se extrapola a lo que éstas piensan de la persona que la expone.

El juicio interno, el parloteo que todas las personas tenemos en nuestro interior, es un chip instalado en nuestro cerebro – llamémosle ego, juicio crítico constante- que reclama –entre otras cosas- seguridad, es decir, no quiere que las cosas cambien (ni siquiera que mejoren). Por eso intentará derribar casi cualquier idea que queramos comunicar.

Pero ese juicio interno continuo está  instalado en todas las personas, y por tanto es una realidad el hecho de que nuestras ideas puedan ser arrojadas al foso de los leones. Puede ocurrir que el miedo a la crítica (en definitiva, a que nos pongan en cuestión), basado en experiencias pasadas, haga que muchas buenas propuestas se queden por el camino.

Pues bien, como no hay peor idea que la que no se comunica, aquí una serie de consejos para superar el miedo y dar voz a nuestras ideas, pensando en las dificultades añadidas para nosotras en el contexto de la cultura patriarcal y sus efectos en este tema concreto:

  1. Da valor a tus ideas: al pensar en exponer un tema piensa en el valor que aporta. Si existen pensamientos negativos en torno a la idea, piensa en cómo se podrían superar, siente cual es la razón interesante que subyace en la idea, qué beneficio aporta y vete a por ello. Si el entorno se prevé hostil, ten argumentos en la recámara y vela por la esencia  de la idea.
  2. Permítete explicar/te: tomar la palabra no es fácil, pero más difícil es terminar una frase sin que nadie interrumpa. A veces estamos todavía enunciando el sujeto de la frase cuando ya hay alguien que tiene un argumento en contra ¿¿??. Si alguien quiere poner objeciones, perfecto, pero una vez hayas concluido, ¿no?. Ponte firme si no se respeta tu turno de palabra.
  3. Tú, de tu lado. ¿Cuántas veces te has oído la entradilla “lo que voy a decir es una tontería pero….” Parece que esas palabras actúan como amortiguador de posibles críticas feroces. No obstante ¿Cuál crees que es el efecto que causan? Aprovechemos el turno de palabra para argumentar, ¡no para autoflajelarnos!
  4. La identificación persona – idea hace flaco favor a la creatividad en grupo. Las ideas vienen y van, pero no definen a la persona. Permítete soltar ideas sin el… ¿Qué van a pensar de mí?. Las personas tienen ocurrencias, pero no son esas ocurrencias. Así, siéntete libre de aportar lo que consideres, confiando en tu criterio.

¿Qué otras cuestiones se han de tener en cuenta? Deja tu comentario y lo incorporaremos en la próxima entrega dedicada a éste tema.

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Imagen del post: Miren Lauzirika

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