Si los sentimientos son señales, en el emprendimiento son semáforos. Poco se habla de las emociones cuando te hablan de emprender. Pero están presentes desde el inicio, desde el mismo momento en que se enciende o se dispara esa chispa en tu interior, y te dice, ¡adelante!. Éste es tu sueño, tú puedes, tú quieres, te lo mereces. Es entonces cuando brilla la luz verde del semáforo.

puedo-quiero-merezco

Es entonces, sólo entonces, cuando comienzas con el CANVAS de negocio, con el plan de viabilidad, de marketing, visión, misión y valores, plan de financiación, plan de ventas, marca personal… Todo muy medido, todo muy tasado, todo muy racional, todo muy lógico. ¿Pero acaso fue la razón la que te empujó al emprendimiento?

Tengo una teoría basada en una evidencia científica: mi experiencia. Todas las emprendedoras que conozco han iniciado su viaje desde el corazón, conectadas con el vértice superior de la pirámide de Maslow, la pieza que conecta con tu autorrealización.

Una vez conectadas con tu esencia, el último eslabón de la cadena de motivación de Maslow, debemos desandarla para asegurarnos la supervivencia y la seguridad. Es entonces, y sólo entonces, cuando comenzamos a dudar de “si podemos” o “si nos lo merecemos”. Es entonces cuando se encienden las luces amarillas del semáforo.

Más o menos fue ésta una de las reflexiones que compartí con las emprendedoras de MET Community en el taller que ofrecí a principios de este año, en Deusto Business School, un inspirador taller para las “mentees” titulado “Autoconocimiento y gestión de expectativas”.

Se trataba de ofrecer un espacio para la reflexión, para permitirnos reafirmarnos en: yo quiero, yo puedo, yo me lo merezco.

El empoderamiento es la clave para seguir en este camino del emprendimiento coronado por puertos, cimas y mesetas. Yo quiero, yo puedo, yo me lo merezco conectado con nuestra esencia, el GPS en este viaje. El mantra del emprendizaje.

Afortunadamente para la mayoría de nosotras, comenzamos el camino con el cupo aceptablemente cubierto en cuanto a la afiliación (amistad, amor y afecto), parte central de la pirámide de Maslow.

Cuando el semáforo se ponga en amarillo, y antes de que se ponga en rojo, acude a esas fuentes de afecto. Seguro que en el camino del emprendimiento has conocido otras mujeres empresarias. Has establecido una buena relación y sintonía. Acude también a ellas. Es importante cultivar estas amistades. Porque nadie como otra emprendedora para entenderte y empatizar contigo. Ella conoce el camino, reconoce los vaivenes, y seguro que también los atajos y áreas de descanso.

Por eso es importante acudir a eventos, crear redes y cuidar los contactos, como hablamos en un post anterior, “El éxito en 6 cafés”. No sólo por la conveniencia comercial, sino también por dar lustre a nuestra armadura emocional.

Por eso es importante participar en asociaciones como EmakumeEkin donde encontramos apoyo, conocimiento, nuevas oportunidades y soporte afectivo. Yo puedo, yo quiero, yo lo merezco.

Cuando necesites recordarlo, acude a Emakumeekin. Te escuchamos. Te apoyamos. Nosotras siempre estamos en verde para las demás mujeres emprendedoras.

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Imagen: Miren Lauzirika.

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