Los mitos de emprendimiento a lo Silicon Valley inundan conferencias, ferias de emprendimiento y redes sociales. Son referentes importados desde EE.UU. sin filtrar,  muy alejados de nuestra realidad emprendedora; cuentos que dejamos que nos cuenten y que poco tienen que ver con nuestras realidades.

Sufres-ideas-millonarias

Es fácil dejarse intoxicar por el combinado estereotípico cuyos ingredientes suelen ser: Master in Business Administration-hombre-heterosexual-raza blanca- sueñoamericano- ideamillonaria-patente mundial; y más fácil aún dejarnos deslumbrar por historias que no cuentan el contexto, las renuncias, los procesos emocionales….y se centran sólo en la foto final, por lo general bastante retocada.

Debajo de la venta de este modelo, nos intentan inculcar –una vez más- el sueño americano: grandes proyectos bien financiados, modelos de emprendimiento que son un aparente éxito económico….mitos que son un fraude.  Y son un fraude porque no son aplicables a nuestro contexto, nuestros medios, la  capacidad de financiación de cada cual, sus aspiraciones concretas, su tamaño de empresa deseado….es decir, no contemplan las motivaciones por las que cada cual emprende desde SU realidad.

Esos referentes –constructos culturales irreales que se van aposentando en nuestro inconsciente- pueden convertirse en obstáculos añadidos, en listones inadecuados y paradigmas ficticios. Para quien está valorando ponerse a trabajar por su cuenta,  no tomar conciencia y no cuestionar dichos mitos teóricos puede suponer mucha frustración, ya que la realidad de emprender es representada de una forma que no concuerda con los medios ni  los objetivos de cada cual.

Puede que conscientemente sepamos que la realidad es multidimensional, pero al mismo tiempo, parece que el proceso individual de montaña rusa y el subir y bajar del proceso de montar una empresa no entra dentro del estándar normativo, no encaja con el mito: en los modelos que nos venden solo se conoce el éxito total y parece que hasta los “errores” se idealizan como  simples fracasos que preceden a presuntos éxitos mundiales.

A mi juicio, uno de los mitos limitantes que menos favorecen  la proliferación de iniciativas empresariales y negocios reales-sostenibles- felices-conscientes es el cuento de la “idea millonaria”. Esa idea genial que parece que “hay que tener”  como  “única clave de éxito”.

[symple_box color=”red” text_align=”left” width=”100%” float=”none”]Pongamos un ejercicio práctico: Probar a hacer un esquema dibujado  de un plan de negocio.[/symple_box]

Apuesto a que el primer paso que se escribe es la palabra “Idea”.  Y tras la idea, viene todo lo demás: blablablá estudio de mercado blablablá gastos/ingresos….Un plan de negocio parece una máquina estandarizada que no tiene en cuenta a la persona ni el contexto de ésta.

Pero olvidémonos por un momento del plan de negocio. ¿Quién está detrás? ¿Quién va a ponerlo en marcha? ¿Cuáles son sus inquietudes? ¿Cuáles sus valores primordiales en la vida? ¿Qué persigue a la hora de montar una empresa? ¿Está lo que persigue acorde con sus medios? ¿Qué se le da bien? ¿Qué quiere aportar a la sociedad? ¿Cuáles son sus habilidades e inteligencias?

A lo mejor la pregunta realmente importante por la que empezar no es  qué, sino quién y cómo. No se trata de una única gran idea, se trata de desarrollar el propio potencial creativo para poder crear ideas durante todas las fases y facetas de la empresa.

Dar un paso hacia atrás a través del auto conocimiento es centrarse en las capacidades y objetivos personales y empoderarse para, posteriormente, controlar el proceso de emprendimiento centrado en las necesidades y formas de hacer de la  persona emprendedora.

La toma de conciencia de las capacidades y posibilidades de cada cual es el inicio del camino para un emprendimiento empoderado.

Y tú, ¿has pensado en cual es tu motor para emprender?

Imagen del post: Miren Lauzirika

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