Uno de los retos a los que solemos enfrentarnos a la hora de conseguir nuestros objetivos es el de alimentar nuestra meta de la energía suficiente para no desfallecer en el camino y llegar hasta el final. Si esto ocurre habitualmente en nuestros propósitos profesionales y personales, el emprendimiento no resulta una excepción.

Detrás de los logros, existen sin duda ingredientes tales como la perseverancia y tenacidad, pero ¿cómo entrenar nuestro músculo de la autodisciplina y evitar los cantos de sirena que nos invitan a abandonar?

A continuación, te propongo cinco pasos para fortalecer la autodisciplina:

1. Decide tus objetivos. Parece evidente, pero para lograr tus objetivos, lo primero que tienes que hacer es tener claro cuáles son tus metas. Es necesario que dediques un tiempo de reflexión a definir lo que quieres lograr. En este sentido, suelen surgir muchas dificultades porque nos cuesta mucho soñar. Estamos acostumbrados/as a pensar desde las limitaciones del presente y de lo real, pero para tener objetivos es necesario elevarse del suelo y permitirse ser ambicioso/a.

2. ¡Cuídate! Conseguir tus objetivos en el emprendimiento es una carrera de fondo. Hay que aguantar y además, tu empresa eres tú, así que es imprescindible que cuides tu máquina. Es fundamental agendar tiempos de descanso, en los que no interfiera tu actividad profesional y hay que reservar igualmente tiempos para actividades que te nutran, sean las que sean.

3. Demorar la gratificación. Precisamente porque el emprendimiento implica un esfuerzo continuado que a corto plazo no suele dar rendimientos positivos, es necesario fortalecer nuestra capacidad de esperar pacientemente a que llegue la recompensa. En este sentido, la fuerza de la convicción de que nuestra empresa tendrá éxito es lo que puede alentar los esfuerzos ingratos que va a exigirte tu empresa en sus primeras etapas.

4. ¡Lo que toca, toca! Una vez que tienes clara tu meta, tenemos que asumir que para lograrla es necesario realizar tareas que quizá no nos gusten, que nos resulten ingratas, que nos den pereza, o que nos saquen de nuestra zona de confort. Cuando tengas que enfrentarte a alguna de esas tareas, lo ideal es no dar margen a que surjan esos pensamientos cuestionadores. ¡Lo que toca, toca, y punto! Puede estar bien premiarte con alguna actividad placentera después de finalizar este tipo de tareas. Puede ser algo tan sencillo como un café tranquilo, un paseo, etc.

5. Siéntete protagonista. Para conseguir lo que pretendes, es esencial abandonar el victimismo y la cultura del lamento y de la queja y sentirte verdaderamente protagonista de tu vida. La queja es muy seductora porque hace que sean las circunstancias las responsables de lo que nos ocurre, pero es un arma de doble filo porque también nos desprotege. El protagonismo es una mochila pesada porque nos llena de responsabilidad, pero a cambio nos empodera a la hora de enfrentarnos a los obstáculos que surjan.

En el emprendimiento es inevitable que surjan situaciones que te van a poner a prueba en el ámbito profesional y personal. Imagínate que estás en un barco en medio de una tempestad y que no es previsible que amaine en breve. No te queda otra que refugiarte en el interior y no salir hasta que la tormenta haya pasado. Tú eres tu principal recurso para ello. ¡Cuídate y sigue peleando!

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