Cuando las personas deciden emprender en solitario, la creación de una empresa implica habitualmente que, además de dedicar un tiempo al producto o servicio de la misma, la persona que emprende debe también incorporar a sus quehaceres la gestión financiera, la labor comercial, su presencia en redes sociales, etc.

Cuando la aventura de emprender implica la creación de un equipo, una de las tareas que se incluye entre las responsabilidades es la de dirigir y coordinar los esfuerzos de las personas que trabajan en ese equipo para conseguir los mejores objetivos, el aprovechamiento del talento individual y la satisfacción individual y grupal.

Tradicionalmente, las organizaciones y empresas se gestionaban a través de un esquema jerárquico en el que se asumía que quien lideraba era la persona que más sabía del business y cuya función era mandar y la del resto obedecer.

Actualmente y a pesar de que el sistema tradicional aún impera en la mayor parte de las organizaciones, se ha derribado ese mito. Ahora somos más conscientes de que la persona que lidera o dirige debe contar primordialmente con otro tipo de habilidades de carácter transversal para obtener los mejores resultados de un equipo. Ese tipo de habilidades incluyen la escucha, la puesta en marcha de modelos verdaderamente participativos, la empatía, la coordinación de esfuerzos, etc. No son precisamente contenidos técnicos sobre la actividad de la empresa los que dan mejores resultados en las organizaciones en las que, más allá de trabajos mecánicos y rutinarios, se busca que las personas aporten su conocimiento y su pasión.

Modelos de liderazgo y conflicto de rol

Por otro lado, y dado que el liderazgo de las empresas y organizaciones ha estado y sigue estando ocupado mayoritariamente por hombres, los estilos de liderazgo con los que contamos como referentes son fundamentalmente masculinos. Cuando una mujer se decide a emprender o llega a puestos directivos en ocasiones debe afrontar lo que en Psicología se denomina “conflicto de rol” que viene derivado de que los estereotipos vinculados al liderazgo son masculinos y entran en conflicto con los estereotipos sobre lo que se espera en función de su género.

En términos generales, no existe una única forma de ejercer el liderazgo. Cada persona debe encontrar la suya. Liderar o dirigir un equipo, como todas las tareas que desarrollamos, es una actividad que cuenta con un estilo o impronta personal. Quizá cuando te decidiste a crear tu empresa no habías considerado que dentro de la misma te iba a corresponder la labor de liderazgo, pero puede que así sea.

En cualquier caso, el objetivo es conjugar una forma de liderazgo que esté vinculado con tu propia personalidad y surja de tu autenticidad con elementos derivados de los últimos avances en gestión de equipos que ponen sobre la mesa alternativas más allá del liderazgo carismático, como pueden ser el liderazgo auténtico, el liderazgo ético, el liderazgo transformacional…

Gestionar un equipo puede ser una tarea apasionante y que además puede aprenderse. ¡Ánimo, escoge tu fórmula y atrévete!

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