Para luchar contra algo lo primero es saber que existe. Ponerle nombre. Tomar conciencia.  

Y las mujeres que trabajamos por nuestra cuenta –llamémonos emprendedoras, freelance o empresarias– tenemos que poner un asunto crítico sobre la mesa cuanto antes, porque lo que no queremos es llamarnos “emprecarias”. Es hora de hacer frente a un virus en el sistema operativo de la empresa del que apenas se habla, se sufre en silencio y crea malestar en la persona y en la cuenta de resultados.

Por suerte en EmakumeEkin ya le hemos puesto nombre: se llama “autorregateo”. Y tenemos la fórmula para combartirlo.

¿Por qué te planteas bajar el precio de una propuesta sin haberla enviado?

El “autorregateo” es un mecanismo casi inapreciable que se activa en la soledad del despacho, frente a la pantalla del ordenador, justo en el momento de elaborar un presupuesto. Tu mente, de pronto, parlotea: ¿Y si es demasiado caro? ¿Y si me dicen que no? ¿Debería bajar el precio?

Mujer, pero si no te lo ha pedido nadie. Si en lugar de comerte el coco pensaras en lo que llevas pagado de autónomos desde que empezaste; en lo que te ha costado formarte y tener experiencia para llegar a donde has llegado; en lo que quieres cobrar este mes (y el siguiente); en que en tu jubilación no te gustaría pasar apuros… pararías en seco esa tendencia suicida de bajar el precio antes de darle al botón de enviar.

Como se manifiesta en la intimidad, y no se suele exteriorizar, muchas mujeres, cuando se “autorregatean”,piensan que es cosa suya, de sus circunstancias. En las actividades de EmakumeEkin, cuando propiciamos un espacio de seguridad para hablar de lo que nos preocupa, escuchamos a menudo la frase: “Yo pensaba que solo me pasaba a mí”.

Pero no nos confundamos.  

¿Qué hay detrás del “autorregateo”?

El “autorregateo” es un síntoma de algo mucho más profundo. Por un lado, tiene que ver con la cultura del low cost, esa de “si vendo barato me querrán a mí”.  Y por otro es el resultado de un patrón de género: la tendencia a cuestionarnos el valor del trabajo propio proviene de cómo nos han venido educando tradicionalmente a las mujeres – no por sexo, biológico; sino de género, social, cultural.

Los estereotipos de género y su reproducción en el día a día, en lo cultural, los mass media y la publicidad, se cuelan en nuestro cerebro… y en la elaboración de un presupuesto.

Las empresas fueron creadas por y para los hombres. Y a las mujeres, durante generaciones, nos han venido adiestrando en la prudencia, en un patrón de comportamiento comedido, para la retaguardia. Y para conseguir amor. A ellos se les ha moldeado históricamente para el liderazgo, para atreverse a llevar la iniciativa, arriesgarse y ganar. Y para conseguir poder.

Estereotipos de género, cárceles de la vida.

Para ellas y ellos, esos estereotipos de género son cárceles. Cárceles que es necesario reconocer y trascender desde el autocuestionamiento, siempre y cuando queramos crear una sociedad que nos guste más, en la que sentirnos libres de ser.

En 2014 un informe de FMI revelaba que la brecha salarial en los países de la OCDE es, por cuenta ajena, del 16%. Por cuenta propia asciende al 28%. Da qué pensar, ¿verdad?  El “autorregateo” seguro que no es la única causa de esa brecha salarial por cuenta propia derivada de la desigualdad. El fraude de la flexibilidad, la desequilibrada conciliación y otro temas también influyen.

Es habitual pensar que las dificultades fruto de la desigualdad con las que se encuentran las mujeres residen solo del exterior. Sin embargo, es muy interesante detectar lo dañino de lo invisible, lo casi inapreciable, aquello que ocurre en el fuero interno. El autorregateo es una de ellas. Lo segundo es buscar herramientas internas y externas para superar esas autolimitaciones.

Cómo poner freno al “autorregateo”.

Para combatir el virus del “autorregateo”, nada mejor que contactar con esa red de mujeres emprendedoras que conoce de primera mano tanto el virus, como tu valor y el de tu trabajo. Otra medida eficaz es subir el presupuesto un 20%.

Como estrategia, conviene situarnos en sectores competitivos, o al menos poco precarizados, sacar la autoestima laboral a la palestra y pasar de ser una isla a un archipiélago: crear red con otras personas emprendedoras, redes de apoyo y empoderamiento entre mujeres para seguir sacando a la luz lastres que sacudirse.

Para que cuando el FMI saque su próximo estudio podamos ver cambios, hay que sacar la valentía que llevamos dentro, la fuerza, el arrojo. A-preciarnos (poner un buen precio), y no des-preciarnos (autorregatearnos).

detras-del-autorregateo
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