Cuando tomamos la decisión de aventurarnos en el emprendimiento, una de las principales reflexiones a las que debemos enfrentarnos tiene que ver con el objetivo final o la meta a largo plazo a la que nos dirigimos, es decir, la visión de éxito profesional y personal que pretendemos.

Cuando las personas no tenemos metas, la energía se dispersa y además no contamos con criterios ni indicadores para medir nuestros avances o resultados, porque no sabemos a dónde nos dirigimos.

Tener un objetivo a largo plazo para nuestra empresa y nuestro desarrollo profesional es lo que orienta nuestros esfuerzos y se constituye en el elemento que aporta sentido a lo que hacemos.

Consigue tu meta – define tus objetivos a corto, medio y largo plazo.

Si tienes dificultades para definir cuál es tu objetivo a largo plazo, una dinámica muy interesante y productiva consiste en detallar y describir con un alto nivel de concreción la visión de futuro a la que te diriges y desde ahí, marcha atrás, ir estableciendo los pasos necesarios y las acciones concretas que son precisas para lograrlo.

Para empezar, te propongo algunas preguntas:

  • ¿Cuál es la situación actual de tu empresa?
  • Si no haces nada diferente, ¿dónde estará tu proyecto empresarial en 1, 2 ó 5 años?
  • ¿Estás satisfecha/o con tu respuesta a la pregunta anterior?
  • ¿Dónde quieres estar?
  • ¿Qué tienes que hacer al respecto?

Sin embargo, estas metas a largo plazo implican esfuerzos mantenidos en el tiempo que, junto a los obstáculos propios del emprendimiento suelen sumirnos en el desánimo. Por eso es necesario parcelar esa meta a largo plazo en objetivos y límites temporales de realización hasta que se hacen breves, concretos y cercanos.

En primer lugar, como punto de partida es recomendable que realices un análisis DAFO sobre tu situación actual, en el que puedes recoger de forma objetiva las debilidades, amenazas, fortalezas y oportunidades con las que cuentas internamente y en relación con tu entorno y área de influencia.

A partir de ahí, es preciso tomar la visión a largo plazo o tu propósito general y realizar divisiones sucesivas, hasta llegar a acciones concretas, como sigue:

–      Propósito: se trata del objetivo general o tu propósito a largo plazo.

–      Metas: Las metas son direccionales, pero con final abierto. Por ejemplo: diversificar nuestra actividad, ampliar mercados, etc.

–      Objetivos con indicadores de medición. Deben ser SMART. Este acrónimo inglés significa: específicos, medibles, viables, retadores y acotados en el tiempo. Los objetivos son, por lo tanto, metas que tienen un final cerrado y que además incorporan un método de evaluación. Por ejemplo: incrementar los clientes de un origen concreto en un porcentaje, aumentar las publicaciones relacionadas con ofertas de 2 a 4 mensualmente, etc.

–      Acciones con fecha de realización concreta. Se trata de tareas definidas y concretas que el equipo va a realizar para conseguir los objetivos previstos. Normalmente siguen una secuencia.

Para acabar, recuerda fijarte no sólo en lo que te queda pendiente para alcanzar tu propósito, sino también analizar los pasos que has dado, los logros obtenidos y, por supuesto, no dejes de felicitarte por ellos. Como bien sabes, el emprendimiento se asemeja más un maratón que una prueba de velocidad.

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