Soy Giovanna Nocentino, cofundadora de Mosaikus de nacionalidad chileno-italiana. Mi historia como emprendedora ha estado siempre ligada a la búsqueda de soluciones que unan la tecnología con la gestión de la sostenibilidad en las empresas. Me he desarrollado profesionalmente en Latinoamérica, en un entorno donde la eficiencia, la seguridad y la sostenibilidad son retos diarios para muchas organizaciones.
En 2022 la vida me trajo a Euskadi. Llegué en el marco de una oportunidad de internacionalización, con una mezcla de ilusión e incertidumbre. La mayor inquietud era si las empresas aquí confiarían en nuestra solución y nos darían la oportunidad de demostrar lo que Mosaikus podía aportarles. Lo que empezó como un viaje de exploración se ha convertido en un nuevo capítulo para la empresa y para mí. A finales de ese mismo año establecimos aquí nuestra gerencia general y, desde 2023, Bilbao se transformó en el centro de operaciones de Mosaikus.
Ser emprendedora migrante es un camino de contrastes
Implica enfrentarse a la incertidumbre de no contar con las redes de apoyo que uno conoce en su país, pero también supone la oportunidad de mirar las cosas con otra perspectiva. En Euskadi encontré un entorno que combina profesionalidad y cercanía: instituciones que creen en el emprendimiento, programas de apoyo que realmente acompañan y una comunidad abierta a la colaboración. Esa sensación de no estar sola es fundamental para seguir adelante.
Desde mí, emprender fuera de tu lugar de origen es un ejercicio de confianza. Confianza en lo que has construido, confianza en adaptarte a un entorno nuevo y, sobre todo, confianza en que tu propósito tiene sentido más allá de las fronteras. He aprendido que la innovación no es sólo cambiar lo que haces, sino atreverse a creer que hay otra manera de hacerlo mejor. Esa frase me acompaña cada día.
Hoy miro atrás y siento que la decisión de apostar por Euskadi fue la correcta. No ha estado exenta de problemas, pero ha valido la pena. Porque emigrar y emprender al mismo tiempo no es únicamente un acto de atreverse: es una forma de construir puentes, de tender lazos entre culturas y de demostrar que las ideas, cuando tienen propósito, pueden crecer en cualquier lugar.
En este proceso de adaptación y crecimiento, descubrí algo igual de valioso que una buena estrategia empresarial: la importancia de rodearte de personas que reman en la misma dirección. Así fue como llegué a la Asociación EmakumeEkin, una comunidad de mujeres emprendedoras que comparten valores como el apoyo mutuo, la sororidad, la colaboración y el compromiso con el desarrollo sostenible y humano del emprendimiento.
Pertenecer a EmakumeEkin no es solo formar parte de una red profesional. Es sentirse parte de un espacio seguro donde compartir dudas, logros y aprendizajes; donde cada historia es escuchada y valorada, y donde se generan sinergias reales que impulsan nuestros proyectos. En un camino como el del emprendimiento migrante, donde muchas veces se empieza desde cero, estas conexiones se transforman en una verdadera red de contención y crecimiento.
La fuerza de EmakumeEkin está en su diversidad y en la convicción de que juntas llegamos más lejos. Porque cuando emprendes en otro país, no solo necesitas conocer el mercado o adaptar tu propuesta de valor; también necesitas reconstruir una red, crear comunidad y recordar que no estás sola. Y en esa red, encontré una tribu que camina con paso firme hacia un futuro más justo, inclusivo y sostenible.
Ser parte de EmakumeEkin ha reforzado mi convicción de que el emprendimiento con propósito necesita de espacios así: donde se acompaña, se comparte y se inspira. Donde el éxito no se mide sólo por cifras, sino también por el impacto que generamos y por cómo lo conseguimos. Porque emprender, al final del día, es también una forma de transformar el mundo. Y hacerlo en comunidad, lo hace aún más poderoso.
Gracias.
Autora: Giovanna Nocentino




