Entrevista a Leilen Coccoz
Cuéntanos brevemente a qué se dedica tu empresa
Piedrita Blanca es mi estudio de diseño gráfico especializado en identidad visual para negocios y marcas personales. Trabajo junto a cada cliente para construir una imagen que los represente de verdad: una que esté a la altura de lo que ofrecen. También ofrezco formación en diseño para quien no diseña: personas que quieren entender el diseño como herramienta para tomar mejores decisiones visuales.
¿Qué te motivó a dar el paso?
Estudié Dirección de Negocios y pasé más de diez años en recursos humanos en empresas multinacionales. Ahí aprendí cómo funcionan las empresas por dentro, cómo se sostiene una marca, qué pasa cuando la comunicación no es coherente. Pero el diseño siempre estuvo ahí. De chica pasaba horas diseñando cosas que nadie iba a usar: portadas de CD, etiquetas de productos que no existían. Tardé unos años en animarme, pero cuando cumplí 30 volví a estudiar y me recibí de diseñadora gráfica. No me arrepiento de nada. Creo que ese recorrido poco convencional es exactamente lo que me hace diferente.
Emprender fue una decisión que tomé cuando me mudé a Bilbao. Había trabajado como diseñadora en Buenos Aires, pero llegar a una ciudad nueva fue una oportunidad para construir algo propio.
¿Qué personas te sirvieron de referente para dar el paso?
No tuve un referente único, pero Carla Bonomini, fue una de las personas que me inspiró. Una argentina que migró a Berlín y construyó algo completamente propio desde cero, y fue a la primera persona que escuché hablar de la íntima relación entre creatividad y autoconocimiento.
Más allá de eso, siempre confié mucho en mi intuición: cuando decidí dejar diez años de experiencia en recursos humanos y volver a la universidad, cuando decidí migrar de Buenos Aires a Bilbao... Sin garantías pero con la certeza interna de que era lo que quería hacer.
¿Nos cuentas un obstáculo y una oportunidad que hayas superado en este proceso?
El obstáculo más grande fue (y sigue siendo) llegar a Bilbao sin red de contactos y tener que construir todo desde cero en un mercado que no me conoce. Empezar a conseguir clientes sin referencias previas locales es un proceso lento y a veces frustrante.
Trato de ver ese obstáculo como una oportunidad: tener que reinventarme me obligó a definir con mucha más claridad qué hago, para quién y por qué. Si hubiera seguido en Buenos Aires con los contactos que ya tenía, probablemente no habría desarrollado el método de trabajo que tengo hoy.
¿Qué nos puedes contar de tus próximos proyectos?
Estoy enfocada en dos frentes. Por un lado, seguir creciendo con proyectos de identidad visual para negocios y marcas personales. Por otro lado, desarrollar la línea de formación en diseño para personas que quieren entender el diseño como herramienta para comunicarse mejor y ganar autonomía, sin depender de una diseñadora para cada cosa. Para mí es una forma de accesibilizar el diseño, que sea una herramienta al alcance de todas y no un privilegio.
¿De qué te sientes más orgullosa?
De haber apostado por algo que siempre estuvo ahí, aunque tardé años en reconocerlo. De poder decir que soy diseñadora, porque hubo una época en que solo podía soñarlo.




