El otro día , hablando con una amiga, ésta me hacía un comentario sobre el pasado post. Hablábamos sobre la aversión al riesgo que tenemos cuando tomamos decisiones de inversión. Es decir, que no queremos asumir la pérdida cuando invertimos nuestros ahorros.

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En nuestra conversación nos remontamos a un pasado bastante cercano. Mucho más cercano que los 20 años de la canción de Gardel.

Hasta hace poco más de 6 años, muchas personas invertían en ladrillo.   Todas conocemos a algunas de estas personas entre familiares, amistades y/o gente conocida que compraban pisos para revenderlos con ganancias importantes. No era raro que nos explicasen con orgullo como  pagaban la señal para la compra de una vivienda en construcción y llegado el momento, la vendían sin siquiera escriturarla a su nombre. Beneficio puro y duro sin pasar por el fisco. En esto colaboraban muchas empresas promotoras y constructoras así como quienes aceptaban pagar una cantidad en B.

Cuando terminó la época dorada, muchas de estas personas se vieron en una tesitura: perder la señal que habían entregado por estas viviendas o adquirirlas al precio fijado de antemano, para posteriormente intentar venderlas al nuevo precio que admitía el mercado.

Esto último no es algo de lo que se hablaba con tanta soltura. Si bien encontré a muchas personas que presumían de las ganancias en cenas de cuadrilla o charlas de barra de bar, a las segundas, las de las pérdidas, solo me las he encontrado en el terreno profesional. Y tengo la sospecha de quienes han perdido son casi tantas como los que ganaron, y mayoritariamente la misma gente.

Entre quienes se han encontrado en una trampa por el estallido de la burbuja inmobiliaria, tengo que reconocer que aún me asombra que muchas hayan optado por seguir “adelante con los faroles”.  En algunos casos, estas personas se hipotecaron para adquirir viviendas que a lo largo de los últimos años no han dejado de perder valor.

Del mismo modo que no se sabía el momento del estallido de la burbuja inmobiliaria, a pesar de tener indicios ciertos de que iba a producirse, tampoco sabemos si el mercado recuperará los precios anteriores a la crisis o en cualquier caso, cuándo lo hará.

Creo probable que muchas de las personas que optaron por adquirir las viviendas a precios tan por encima de su valor actual, no lleguen a vivir el momento en que estas recuperen el valor al que  las compraron.

La pregunta es: ¿es lógico para alguien que tiene aversión al riesgo de pérdida este comportamiento?

Caso práctico: Entrega de 40.000 euros para la adquisición de un ático al precio de 450.000 euros . Al momento de escriturar, se le pide que renuncie a los 40.000 euros o que escriture por el precio del contrato. En el portal de al lado , se vende el mismo ático por 300.000 euros.

Decisión: ¡compra a 450.000 euros!

La respuesta: Cada cual tendrá la suya. La mía es rotundamente no.

Creo que cada cual debe saber si quiere invertir o jugar en el casino. Persistir en la pérdida ya producida me recuerda al comportamiento del juego compulsivo.

La primera regla debe ser realizar inversiones cuya pérdida podamos asumir. Siempre existe un riesgo de pérdida cuando invertimos, incluso en los bonos del estado, nuestra obligación debe ser conocer este riesgo y tomar la decisión de si queremos asumirlo.

Si no queremos asumir ningún riesgo, mejor no invertir, ¿no te parece? De las siguientes reglas para la persona inversora…. Ya hablaremos.

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