Palabras que importan: guía práctica para un uso inclusivo del lenguaje en nuestro proyecto

May 12, 2025

Lenguaje inclusivo

En todo proyecto, el lenguaje moldea percepciones, (in)visibiliza y construye realidades, y transmite valores. Adoptar un estilo inclusivo y no sexista no es solo una corrección estética, sino una decisión estratégica que refuerza la igualdad, estrecha vínculos, amplía audiencias y celebra la diversidad.

¿Qué es el lenguaje?

El lenguaje no es machista, racista o capacitista por sí solo: es el uso que le damos el que transmite sesgos. Wittgenstein decía: “Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo.” Si no nombramos algo, esa parte de la realidad queda fuera de nuestro “mundo” conceptual. Y ya se sabe: “lo que no se nombra, no existe” o, mejor dicho, existe solo en los márgenes.

Un cuerpo vivo en constante cambio

El lenguaje es un organismo vivo que evoluciona para adaptarse a nuevas necesidades. Hace no tanto, decir “ministra” o “ingeniera” nos sonaba raro; hoy lo usamos con naturalidad. Lo mismo ocurre con la jerga digital que incorporamos (“pantallazo”, “etiquetar”, “banear”) o con la resignificación de términos históricamente peyorativos como queer. Al mismo tiempo, vamos dejando atrás expresiones obsoletas como “personas de color” o “inválidas”, a medida que los propios colectivos alzan la voz, nos interpelan y nos conminan a revisar desde qué privilegios nombramos el mundo.

Capaz de modificar, oscurecer o mostrar parcialmente la realidad

¿A que no suena igual “reducción de personal” que “despido”, o “periodo de recesión” que “crisis”? Durante el franquismo se cambiaban términos como “córner” (por “saque de esquina”) o “ensaladilla rusa” (por “ensaladilla nacional”); incluso se cambió “Caperucita Roja” por “Rosa”. ¿Casualidad? No. El lenguaje importa.

¿Qué significa, por tanto, hacer un uso inclusivo del lenguaje?

Es una forma de visibilizar a todas las personas sin excluir por género, identidad, etnia, origen, diversidad funcional… No se trata solo de evitar el masculino genérico, sino de ampliar ese mundo conceptual, reflexionar sobre cómo hablamos y qué queremos transmitir.

Recursos prácticos

  • Uso de “personas”. En vez de “3 cántabros han sido detenidos”, decir “3 personas cántabras han sido detenidas”.
  • Genéricos reales. En vez de “los bilbaínos”, decir “el pueblo bilbaíno”, “la sociedad bilbaína”, “Bilbao”, En vez de “los jugadores”, decir “el equipo”, etc.
  • Cambio de sintaxis. En vez de “los valencianos sufren las consecuencias de la DANA”, decir “en Valencia sufren las consecuencias de la DANA”.
  • Formas dobles. En vez de “los suecos”, decir “los y las suecas” o “las y los suecos”.
  • Omisión del sujeto. En vez de “nosotros exigimos al Estado medidas urgentes”, decir directamente “exigimos al Estado medidas urgentes”.
  • Términos abstractos. En vez de “los redactores del periódico” o “contacta con el director”, decir “la redacción del periódico” o “contacta con Dirección”.

Uso de signos alternativos (consultar siempre recomendaciones actualizadas)

  • Barra (/). “Trabajadoras/es” – recomendable solo en formularios o textos con poco espacio. Alternar el orden.
  • X o E. “Mis hijxs / hijes” – formas que incluyen identidades más allá del género binario.

Errores frecuentes a evitar

  • Patinar con los artículos. Ej., “los profesores/profesoras”. Mejor decir “el profesorado” o “el personal docente”. Pero si se quiere desdoblar, hay que cuidar los artículos. Y por favor, intercambiad alguna vez el orden: ¡no tiene por qué ir siempre el masculino delante!
  • Desatender las imágenes. El lenguaje también es visual. Atenta a las imágenes que elijas: también transmiten mensajes y pueden colarse estereotipos.
  • Abusar de las dobles formas en textos breves, comprometiendo la fluidez. Hay vida más allá de la barra y las dobles formas ¡Échale imaginación!

Adoptar un lenguaje inclusivo es un reto y un aprendizaje: cuestiona viejos hábitos, actualízate y, sobre todo, escucha a las comunidades a las que te diriges.

¿Te animas a revisar tu próximo texto bajo estos criterios?

Autora: Silvia López-Rodríguez