Promover el emprendimiento entre las mujeres, financiar específicamente negocios puestos en marcha por mujeres, defender sus virtudes (revierten directamente en sus familias, en sus comunidades y en definitiva, en el producto interior bruto) no son ya acciones o discursos defendidos únicamente por agentes sociales. Pero, ¿por qué no se aplican aquí medidas en esta línea?

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Extensos estudios realizados por Goldman Sachs, Mckinsey, y otras firmas de públicas y privadas de renombre internacional (FMI y “Women, Work and the Economy: Macroeconomic Gains From Gender Equity“), abogan por incentivar, financiar y promover el emprendimiento de las mujeres.

Parece que estas grandes y profesionalmente, prestigiosas firmas, piensan que invertir en mujeres es una de las grandes oportunidades de inversión en los países en desarrollo: “dar crédito a las pequeñas y medianas empresas propiedad de mujeres en los países en desarrollo puede impulsar el crecimiento de la renta per cápita por encima de 110 puntos básicos de media”. Para trabajar en esta tarea, difícil pero muy rentable, abogan por involucrar a gobiernos, corporaciones e inversionistas.

El objetivo tiene doble enfoque:

Países de nuestro entorno como Francia, han decidido también apostar por las empresas creadas por mujeres.  Hace unos días, en la Women Global Summit, la Ministra de Derechos de las Mujeres,  Najat Vallaud-Belkacem, aseguró que“Francia está comprometida con la paridad en la creación de empresas” e indicó que su objetivo es que para 2017 un 40 % de las emprendedoras sean mujeres.

En España, parece que disponemos de otras áreas de inversión más rentables porque:

  • No vemos ni a instituciones ni inversionistas especialmente preocupados/as por esta cuestión. En nuestro día a día las medidas de discriminación positiva en la creación, apoyo o fomento de las empresas creadas por mujeres, a pesar de los razonamientos tan bien argumentados económicamente, en el estudio de Goldman Sachs, son una rara avis.
  • El tema de las cuotas en los Consejos de Administración, defendido por Europa pero directamente rechazado por el gobierno español, a pesar de que la normativa ha demostrado su efectividad en otros países del entorno, es otra medida positiva que no veremos aplicarse en el corto plazo y que afecta directamente al avance de las mujeres en los puestos de poder.
  • Parece ser que estamos en una sociedad más que satisfecha con el sistema  meritocrático instaurado. Al fin y al cabo, es un sistema en el que podemos confiar. Nos garantiza  que a puestos de responsabilidad y poder llegan los y las mejores, con más méritos y talento. Más los que las pero es porque nosotras tenemos otras prioridades: el porcentaje de mujeres directivas en España es del 21% bajando tres puntos  respecto el año anterior, 2012, volviendo así a los niveles de 2009 ( Estudio Grant Thornton. International Business Report)

Sinceramente, pienso que estamos perdiendo oportunidades. Creo que, si la Comunidad Autónoma Vasca, consciente de que su riqueza como país está en el talento de las personas que lo componen (o eso dicen), debiera de tomar conciencia de que la diversidad de género en los consejos de administración, en la creación de empresas, y en definitiva, en el mundo empresarial, aporta beneficios económicos reales al país.

Otros países lo están haciendo y quizá nos estamos yendo muy lejos a buscar el ejemplo, pero en China, el 51% de los puestos directivos están ocupados por mujeres. Y no me parecen que China sea una cultura especialmente comprometida en la lucha por la igualdad de oportunidades.

Las cuotas por sí mismas no garantizan la paridad pero es un paso en el camino.

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Imagen: Miren Lauzirika

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