Con las vacaciones a la vuelta de la esquina, he decidido darme un adelanto así que, por hoy, voy a abandonar mi fregona y mis reflexiones habituales sobre las dificultades de acceso a la financiación para las nuevas empresas y personas emprendedoras. Hoy mis reflexiones van por otra vía muy diferente…. o quizás no.

vacaciones-vuelta-felicidad

Vivimos con un constante run-run que ya va convirtiéndose en clamor…hay algo que quiere cambiar, o más bien hay cosas que queremos cambiar. Hablamos, oímos hablar, de implicación, de valores, de colaboración, de acabar con las desigualdades, de cooperación, de solidaridad…

Son muchas las voces que se oyen diciendo que lo que tenemos, ya no nos sirve. Tanto en la política, como en la economía. Como no quiero entrar en temas que mi compañera y amiga Idoia Postigo trata con mucha más competencia, prefiero optar por ceñirme al ámbito económico. Y todo lo anterior me sirve para hablar de Happynomics.

Como el nombre ya anticipa, se trata de una disciplina dentro de la economía que pretende cuantificar el nivel de felicidad de las personas, al mismo tiempo que identifica sus causas. Y no es una corriente solitaria, no, hay desde hace años bastante literatura sobre conceptos como el FIB  que mide la Felicidad Interior Bruta y que podría sustituir al PIB Producto Interior Bruto como índice objetivo.

Estoy segura que muchas personas estarán de acuerdo conmigo en que es mucho más importante la felicidad interior bruta que el producto interior bruto. Esto, que parece un slogan, lo dijo en 1974 el entonces reciente coronado rey de Bután, Wangchuck, con tan solo 18 años. Desde entonces, este pequeño país de menos de 800.000 habitantes viene midiendo su economía con este indicador. En el Índice de Satisfacción con la Vida creado por Adrian G. White, psicólogo social de la Universidad de Leicester, ¡Bután aparece en 2013 con el puesto número 8 del mundo! No sé cuál es su PIB, no me he molestado en buscarlo, ¿para qué?

Y  sé que mucha gente quizá levante la ceja y ponga cara de circunstancia, especialmente entre quienes se sientan en los consejos de administración de las grandes multinacionales, (que por otra parte no creo que me lean). Sin embargo hay grandes economistas discutiendo sobre este tema:

  • Premios nobel de economía como Joseph Stiglitz o Amartya Sen.
  • Economistas como Betsey Stevenson que tienen interés en la búsqueda de indicadores que nos aproximen más al concepto de bienestar social.
  • Economistas como Richard Layard, que fue pionero en trabajar con el concepto de felicidad e incluir variables como la salud mental en la felicidad agregada.

Happynomics intenta mostrar los vínculos entre riqueza y felicidad. A partir de cierto nivel de riqueza, aquel en el que las necesidades básicas están cubiertas, un incremento de renta no produce un incremento proporcional de felicidad. Esto es algo que sabemos intuitivamente.

Y la felicidad no se mide solo en las personas, también es medible en las comunidades y las naciones. Factores como la riqueza, la confianza o la educación, refuerzan la felicidad nacional mientras que otros como la corrupción o el desempleo la minoran.

En una reciente lectura de Andrew Oswald en Junio de 2014, concluía su exposición con la siguiente enumeración sobre lo que hace a los países felices:

  • Alto gasto social como % del PIB
  • Generosidad en el seguro de desempleo
  • Aire limpio (menos emisiones de gases contaminantes)
  • Menos desempleo e inflación
  • Menos delincuencia y corrupción
  • Apertura del comercio
  • El factor genético

Espero que como yo, os sintáis mejor sabiendo que  hay eminentes economistas preocupándose por aumentar nuestra felicidad 🙂

¡Felices… vacaciones!

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Imagen: Miren Lauzirika

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