Cuéntanos brevemente a qué se dedica tu empresa
Entropía es mi estudio de diseño e investigación aplicada en salud. Acompaño a organizaciones y equipos a diseñar servicios, procesos y productos en el ámbito sanitario y de salud para lanzar al mercado o como pilotos. También co-diseño y lanzo soluciones a retos actuales en salud, combinando investigación, diseño y colaboración interdisciplinar. Hemos lanzado una copa menstrual, una unidad hospitalaria para madres integrativa, entre otros.
Planwise es un servicio que democratiza la creación de planes estratégicos anuales. Cada octubre, reúno a dos grupos de 12 organizaciones para acompañarlas en el diseño de su plan anual de forma colectiva, asequible y estructurada con sesiones de mentoría también individuales por mi parte. Llevamos tres años haciéndolo y este año amplio nuevas plazas y nuevo grupo.
¿Qué te motivó a dar el paso?
El primer paso fue querer decidir sobre mi tiempo: tener libertad de horario, de lugar, de ritmo. Quería vivir como si estuviera en una jubilación anticipada: no esperar a los 67 para ir a la playa un jueves o disfrutar de una mañana sin reuniones.
La segunda razón fue económica. Quería construir una cierta libertad financiera y escalabilidad económica que sabía que no iba a venir de un salario. Necesitaba diseñar un modelo de trabajo donde no estuviera intercambiando siempre horas por dinero. Como dice Naval Ravikant: “Wealth and freedom isn’t about salary but ownership.”
Además, mi decisión de quedarme a vivir en el País Vasco (soy de Barcelona) me obligó a rechazar muchas propuestas laborales que exigían presencialidad en grandes capitales. Emprender fue también una forma de proteger mi elección vital y construir una práctica profesional coherente con ella. Así que, aunque parezca espontáneo, fue un movimiento muy organizado e intencionado.
¿Qué personas te sirvieron de referente para dar el paso?
Más que referentes, tuve contrarreferentes. Mi emprendimiento nació, en realidad, como reacción a todo lo que no quería construir. Venía de entornos donde emprender significaba sacrificio extremo, velocidad, precariedad emocional y cero conciliación. Y yo no quería eso.
No he tenido - y sigo sin tenerlos - modelos claros de una forma de emprender tranquila, orgánica y sostenible. Pero sí sabía esto: primero va mi jubilación anticipada, y luego el trabajo que la sostiene. Ese principio fue la base sobre la que monté mis empresas. Me inspiran quienes decidieron no entrar en esa lógica productivista: quienes construyen prácticas profesionales más lentas. Quienes ponen la vida en el centro sin pedir perdón por ello.
¿Nos cuentas un obstáculo y una oportunidad que hayas superado en este proceso?
El mayor obstáculo ha sido sostener el ritmo que quería sin dejarme influenciar por el ruido externo, por nuestro queridísimo “FOMO”. Crear algo propio sin entrar en la lógica del agotamiento ha sido un reto diario. La gran oportunidad fue diseñar estructuras que me permiten trabajar con profundidad, claridad y descanso. Y hacerlo sin renunciar a la ambición ni al impacto. Hoy trabajo más lento, manteniendo la ambición y el disfrute.
Gracias a este obstáculo convertido en oportunidad, tuve el espacio mental para solicitar una beca de neurociencia para estudiar el duelo y el final de vida desde diferentes vertientes —algo que, sin la pausa, no habría sido posible.
¿Qué nos puedes contar de tus próximos proyectos?
Estoy cerrando la edición final de “Estoy en duelo”, el libro de la beca que mencionaba, que espero publicar este año. Es una guía práctica para acompañar procesos de duelo y final de vida, fruto de dos años de investigación tras la pérdida repentina de mi padre.
¿De qué te sientes más orgullosa?
De haber creado una forma de trabajar que se parece a cómo quiero vivir: vivir jubilada desde ya, mientras trabajo. De no haberme dejado arrastrar por modelos que no comparto.
Y, sobre todo, de haber demostrado —para mí misma— que se puede emprender sin dejarse la vida en ello. Que se puede construir desde la pausa, con claridad, enfoque y libertad.




